Lo que era previsible, ha ocurrido: la quiniela hípica no funciona. Y, probablemente, mientras no entre en los bares y cafeterías no estará en condiciones de remontar el vuelo.
Los magros premios de Quiniela repartidos el pasado fin de semana -155 euros-, que contrastan con las astronómicas cifras de otros juegos y apuestas, son suficientemente ilustrativos del fracaso de este juego que, en teoría, debía salvar o promocionar el mundo caballar.
Por otro lado, se ha cumplido lo que este periódico advirtió con reiteración en los momentos previos a la implantación del nuevo sistema de juego: que lo que funcionaría sería el tragaperras, es decir, la Promotot.
Es, en definitiva, el juego de impulso, cuya iconografía equina es absolutamente irrelevante de cara a su éxito. La Promotot funciona, no porque sea caballar, sino porque es tragaperras. La quiniela hípica, por el contrario, requiere de un conocimiento del mundo del trote que sólo poseen los auténticos aficionados.


